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Revisiones oftalmológicas, ¿cuándo se deben hacer?

Para prevenir alteraciones oculares son necesarias varias revisiones oftalmológicas a lo largo de nuestra vida. Por ello, hemos hablado con la Dra. Beatriz Larrañeta, oftalmóloga de Clínica San Miguel, que nos ha contado la importancia de estas revisiones.

Someternos a un examen integral que incluya pruebas de agudeza visual, un estudio de fondo de ojo y otras exploraciones en función de la alteración a tratar es fundamental tal y como afirma la Dra. Larrañeta.

La primera consulta y la frecuencia de las revisiones oftalmológicas dependerán de la edad de cada paciente, de la existencia de enfermedades previas y de los antecedentes familiares.

En la infancia, antes de los 3 años, la primera revisión suele ser por indicación del pediatra, quien detecta alguno de los siguientes síntomas:

  • Epiforal (lagrimeo) o conjuntivitis de repetición: para descartar una obstrucción de la vía lagrimal.
  • Estrabismo
  • Córneas grandes con fotobia y epífora, que podría indicar un glaucoma congénito
  • Leucocoria o reflejo blanquecino a través de la pupila (catarata congénita, retinoblastoma)
  • Nistagmus: movimientos rápidos de los ojos

A partir de los 3 ó 4 años los niños comienzan a colaborar en la exploración y si se detecta algún defecto visual, principalmente la aparición de ambliopía (ojo vago), estamos a tiempo para corregirlo ya que el sistema visual se desarrolla hasta los 7 u 8 años de edad.

Entre los 3 y 8 años es importante detectar problemas de visión, ya sea por defectos refractivos (necesidad de gafas), por alteraciones de la visión binocular o por alteraciones en la acomodación-convergencia, siendo en estos casos útil ejercicios de terapia visual. En esta edad son especialmente importantes estas revisiones por el inicio de la etapa escolar, ya que se estima que entre un 15 y un 30% del fracaso en los colegios se puede deber a problemas de visión.

En la adolescencia, con el crecimiento, puede variar la graduación de sus gafas o aparecer defectos refractivos que antes no tenían.

Entre los 20 y los 40 años la graduación se estabiliza y se puede plantear la cirugía refractiva. Son importantes los controles de tensión ocular y de fondo de ojo, sobre todo en pacientes miopes para detectar alteraciones en retina que predisponen al desprendimiento de retina.

A partir de los 40 años es cuando aparecen los primeros síntomas de vista cansada o presbicia y también puede aumentar la presión intraocular.

A partir de los 60 años se detecta la aparición de cataratas (envejecimiento del cristalino) que producen cambios en la graduación y disminución de la agudeza visual. La DMAE (degeneración macular asociada a la edad) cursa con alteración en la visión central y con metamorfopsia (líneas torcidas).

En cuanto a patologías previas, algunas enfermedades pueden afectar la visión siendo la más frecuente la diabetes.  Respecto a los antecedentes familiares, las enfermedades que tienen un componente genético más importante son el glaucoma  y la DMAE.

En resumen podemos concluir que las revisiones oftalmológicas son muy convenientes tanto en la edad infantil como en la adulta ya que si detectamos patologías se pueden tratar y así controlarlas con el fin de evitar que dejadas a su curso y evolución lleguen a provocar, en algunos casos, ceguera.

Dra. Beatriz Larrañeta

Servicio de Oftalmología Clínica San Miguel.

Para prevenir alteraciones oculares son necesarias varias revisiones oftalmológicas a lo largo de nuestra vida. Por ello, hemos hablado con la Dra. Beatriz Larrañeta, oftalmóloga de Clínica San Miguel, que nos ha contado la importancia de estas revisiones.

Someternos a un examen integral que incluya pruebas de agudeza visual, un estudio de fondo de ojo y otras exploraciones en función de la alteración a tratar es fundamental tal y como afirma la Dra. Larrañeta.

La primera consulta y la frecuencia de las revisiones oftalmológicas dependerán de la edad de cada paciente, de la existencia de enfermedades previas y de los antecedentes familiares.

En la infancia, antes de los 3 años, la primera revisión suele ser por indicación del pediatra, quien detecta alguno de los siguientes síntomas:

  • Epiforal (lagrimeo) o conjuntivitis de repetición: para descartar una obstrucción de la vía lagrimal.
  • Estrabismo
  • Córneas grandes con fotobia y epífora, que podría indicar un glaucoma congénito
  • Leucocoria o reflejo blanquecino a través de la pupila (catarata congénita, retinoblastoma)
  • Nistagmus: movimientos rápidos de los ojos

A partir de los 3 ó 4 años los niños comienzan a colaborar en la exploración y si se detecta algún defecto visual, principalmente la aparición de ambliopía (ojo vago), estamos a tiempo para corregirlo ya que el sistema visual se desarrolla hasta los 7 u 8 años de edad.

Entre los 3 y 8 años es importante detectar problemas de visión, ya sea por defectos refractivos (necesidad de gafas), por alteraciones de la visión binocular o por alteraciones en la acomodación-convergencia, siendo en estos casos útil ejercicios de terapia visual. En esta edad son especialmente importantes estas revisiones por el inicio de la etapa escolar, ya que se estima que entre un 15 y un 30% del fracaso en los colegios se puede deber a problemas de visión.

En la adolescencia, con el crecimiento, puede variar la graduación de sus gafas o aparecer defectos refractivos que antes no tenían.

Entre los 20 y los 40 años la graduación se estabiliza y se puede plantear la cirugía refractiva. Son importantes los controles de tensión ocular y de fondo de ojo, sobre todo en pacientes miopes para detectar alteraciones en retina que predisponen al desprendimiento de retina.

A partir de los 40 años es cuando aparecen los primeros síntomas de vista cansada o presbicia y también puede aumentar la presión intraocular.

A partir de los 60 años se detecta la aparición de cataratas (envejecimiento del cristalino) que producen cambios en la graduación y disminución de la agudeza visual. La DMAE (degeneración macular asociada a la edad) cursa con alteración en la visión central y con metamorfopsia (líneas torcidas).

En cuanto a patologías previas, algunas enfermedades pueden afectar la visión siendo la más frecuente la diabetes.  Respecto a los antecedentes familiares, las enfermedades que tienen un componente genético más importante son el glaucoma  y la DMAE.

En resumen podemos concluir que las revisiones oftalmológicas son muy convenientes tanto en la edad infantil como en la adulta ya que si detectamos patologías se pueden tratar y así controlarlas con el fin de evitar que dejadas a su curso y evolución lleguen a provocar, en algunos casos, ceguera.

Dra. Beatriz Larrañeta

Servicio de Oftalmología Clínica San Miguel

Para prevenir alteraciones oculares son necesarias varias revisiones oftalmológicas a lo largo de nuestra vida. Por ello, hemos hablado con la Dra. Beatriz Larrañeta, oftalmóloga de Clínica San Miguel, que nos ha contado la importancia de estas revisiones.

Someternos a un examen integral que incluya pruebas de agudeza visual, un estudio de fondo de ojo y otras exploraciones en función de la alteración a tratar es fundamental tal y como afirma la Dra. Larrañeta.

La primera consulta y la frecuencia de las revisiones oftalmológicas dependerán de la edad de cada paciente, de la existencia de enfermedades previas y de los antecedentes familiares.

En la infancia, antes de los 3 años, la primera revisión suele ser por indicación del pediatra, quien detecta alguno de los siguientes síntomas:

  • Epiforal (lagrimeo) o conjuntivitis de repetición: para descartar una obstrucción de la vía lagrimal.
  • Estrabismo
  • Córneas grandes con fotobia y epífora, que podría indicar un glaucoma congénito
  • Leucocoria o reflejo blanquecino a través de la pupila (catarata congénita, retinoblastoma)
  • Nistagmus: movimientos rápidos de los ojos

A partir de los 3 ó 4 años los niños comienzan a colaborar en la exploración y si se detecta algún defecto visual, principalmente la aparición de ambliopía (ojo vago), estamos a tiempo para corregirlo ya que el sistema visual se desarrolla hasta los 7 u 8 años de edad.

Entre los 3 y 8 años es importante detectar problemas de visión, ya sea por defectos refractivos (necesidad de gafas), por alteraciones de la visión binocular o por alteraciones en la acomodación-convergencia, siendo en estos casos útil ejercicios de terapia visual. En esta edad son especialmente importantes estas revisiones por el inicio de la etapa escolar, ya que se estima que entre un 15 y un 30% del fracaso en los colegios se puede deber a problemas de visión.

En la adolescencia, con el crecimiento, puede variar la graduación de sus gafas o aparecer defectos refractivos que antes no tenían.

Entre los 20 y los 40 años la graduación se estabiliza y se puede plantear la cirugía refractiva. Son importantes los controles de tensión ocular y de fondo de ojo, sobre todo en pacientes miopes para detectar alteraciones en retina que predisponen al desprendimiento de retina.

A partir de los 40 años es cuando aparecen los primeros síntomas de vista cansada o presbicia y también puede aumentar la presión intraocular.

A partir de los 60 años se detecta la aparición de cataratas (envejecimiento del cristalino) que producen cambios en la graduación y disminución de la agudeza visual. La DMAE (degeneración macular asociada a la edad) cursa con alteración en la visión central y con metamorfopsia (líneas torcidas).

En cuanto a patologías previas, algunas enfermedades pueden afectar la visión siendo la más frecuente la diabetes.  Respecto a los antecedentes familiares, las enfermedades que tienen un componente genético más importante son el glaucoma  y la DMAE.

En resumen podemos concluir que las revisiones oftalmológicas son muy convenientes tanto en la edad infantil como en la adulta ya que si detectamos patologías se pueden tratar y así controlarlas con el fin de evitar que dejadas a su curso y evolución lleguen a provocar, en algunos casos, ceguera.

Dra. Beatriz Larrañeta

Servicio de Oftalmología Clínica San Miguel

Para prevenir alteraciones oculares son necesarias varias revisiones oftalmológicas a lo largo de nuestra vida. Por ello, hemos hablado con la Dra. Beatriz Larrañeta, oftalmóloga de Clínica San Miguel, que nos ha contado la importancia de estas revisiones.

Someternos a un examen integral que incluya pruebas de agudeza visual, un estudio de fondo de ojo y otras exploraciones en función de la alteración a tratar es fundamental tal y como afirma la Dra. Larrañeta.

La primera consulta y la frecuencia de las revisiones oftalmológicas dependerán de la edad de cada paciente, de la existencia de enfermedades previas y de los antecedentes familiares.

En la infancia, antes de los 3 años, la primera revisión suele ser por indicación del pediatra, quien detecta alguno de los siguientes síntomas:

  • Epiforal (lagrimeo) o conjuntivitis de repetición: para descartar una obstrucción de la vía lagrimal.
  • Estrabismo
  • Córneas grandes con fotobia y epífora, que podría indicar un glaucoma congénito
  • Leucocoria o reflejo blanquecino a través de la pupila (catarata congénita, retinoblastoma)
  • Nistagmus: movimientos rápidos de los ojos

A partir de los 3 ó 4 años los niños comienzan a colaborar en la exploración y si se detecta algún defecto visual, principalmente la aparición de ambliopía (ojo vago), estamos a tiempo para corregirlo ya que el sistema visual se desarrolla hasta los 7 u 8 años de edad.

Entre los 3 y 8 años es importante detectar problemas de visión, ya sea por defectos refractivos (necesidad de gafas), por alteraciones de la visión binocular o por alteraciones en la acomodación-convergencia, siendo en estos casos útil ejercicios de terapia visual. En esta edad son especialmente importantes estas revisiones por el inicio de la etapa escolar, ya que se estima que entre un 15 y un 30% del fracaso en los colegios se puede deber a problemas de visión.

En la adolescencia, con el crecimiento, puede variar la graduación de sus gafas o aparecer defectos refractivos que antes no tenían.

Entre los 20 y los 40 años la graduación se estabiliza y se puede plantear la cirugía refractiva. Son importantes los controles de tensión ocular y de fondo de ojo, sobre todo en pacientes miopes para detectar alteraciones en retina que predisponen al desprendimiento de retina.

A partir de los 40 años es cuando aparecen los primeros síntomas de vista cansada o presbicia y también puede aumentar la presión intraocular.

A partir de los 60 años se detecta la aparición de cataratas (envejecimiento del cristalino) que producen cambios en la graduación y disminución de la agudeza visual. La DMAE (degeneración macular asociada a la edad) cursa con alteración en la visión central y con metamorfopsia (líneas torcidas).

En cuanto a patologías previas, algunas enfermedades pueden afectar la visión siendo la más frecuente la diabetes.  Respecto a los antecedentes familiares, las enfermedades que tienen un componente genético más importante son el glaucoma  y la DMAE.

En resumen podemos concluir que las revisiones oftalmológicas son muy convenientes tanto en la edad infantil como en la adulta ya que si detectamos patologías se pueden tratar y así controlarlas con el fin de evitar que dejadas a su curso y evolución lleguen a provocar, en algunos casos, ceguera.

Dra. Beatriz Larrañeta

Servicio de Oftalmología Clínica San Miguel

Para prevenir alteraciones oculares son necesarias varias revisiones oftalmológicas a lo largo de nuestra vida. Por ello, hemos hablado con la Dra. Beatriz Larrañeta, oftalmóloga de Clínica San Miguel, que nos ha contado la importancia de estas revisiones.

Someternos a un examen integral que incluya pruebas de agudeza visual, un estudio de fondo de ojo y otras exploraciones en función de la alteración a tratar es fundamental tal y como afirma la Dra. Larrañeta.

La primera consulta y la frecuencia de las revisiones oftalmológicas dependerán de la edad de cada paciente, de la existencia de enfermedades previas y de los antecedentes familiares.

En la infancia, antes de los 3 años, la primera revisión suele ser por indicación del pediatra, quien detecta alguno de los siguientes síntomas:

  • Epiforal (lagrimeo) o conjuntivitis de repetición: para descartar una obstrucción de la vía lagrimal.
  • Estrabismo
  • Córneas grandes con fotobia y epífora, que podría indicar un glaucoma congénito
  • Leucocoria o reflejo blanquecino a través de la pupila (catarata congénita, retinoblastoma)
  • Nistagmus: movimientos rápidos de los ojos

A partir de los 3 ó 4 años los niños comienzan a colaborar en la exploración y si se detecta algún defecto visual, principalmente la aparición de ambliopía (ojo vago), estamos a tiempo para corregirlo ya que el sistema visual se desarrolla hasta los 7 u 8 años de edad.

Entre los 3 y 8 años es importante detectar problemas de visión, ya sea por defectos refractivos (necesidad de gafas), por alteraciones de la visión binocular o por alteraciones en la acomodación-convergencia, siendo en estos casos útil ejercicios de terapia visual. En esta edad son especialmente importantes estas revisiones por el inicio de la etapa escolar, ya que se estima que entre un 15 y un 30% del fracaso en los colegios se puede deber a problemas de visión.

En la adolescencia, con el crecimiento, puede variar la graduación de sus gafas o aparecer defectos refractivos que antes no tenían.

Entre los 20 y los 40 años la graduación se estabiliza y se puede plantear la cirugía refractiva. Son importantes los controles de tensión ocular y de fondo de ojo, sobre todo en pacientes miopes para detectar alteraciones en retina que predisponen al desprendimiento de retina.

A partir de los 40 años es cuando aparecen los primeros síntomas de vista cansada o presbicia y también puede aumentar la presión intraocular.

A partir de los 60 años se detecta la aparición de cataratas (envejecimiento del cristalino) que producen cambios en la graduación y disminución de la agudeza visual. La DMAE (degeneración macular asociada a la edad) cursa con alteración en la visión central y con metamorfopsia (líneas torcidas).

En cuanto a patologías previas, algunas enfermedades pueden afectar la visión siendo la más frecuente la diabetes.  Respecto a los antecedentes familiares, las enfermedades que tienen un componente genético más importante son el glaucoma  y la DMAE.

En resumen podemos concluir que las revisiones oftalmológicas son muy convenientes tanto en la edad infantil como en la adulta ya que si detectamos patologías se pueden tratar y así controlarlas con el fin de evitar que dejadas a su curso y evolución lleguen a provocar, en algunos casos, ceguera.

Dra. Beatriz Larrañeta

Servicio de Oftalmología Clínica San Miguel

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